19-02-2008 Cuento de Ana

AROMA DE VAINILLA

-¡Si trabajo en un polígono me muero! ¿Dónde está el Polígono de Cogullada?

Cuando vi la fábrica pensé: -Me gustaría trabajar aquí solo por la fachada.
Era muy bonita, artesana, acogedora, recordaba a “la tienda de siempre”. Y cuando entré, supe que me quedaría.
Notaba el calor del horno al entrar; salía de allí con el aroma de vainilla impregnado en mi ropa, en mi pelo; no sabía qué significaba “Boer”, “Trocadero”, “Paciencias”, “¿Canutillos, cubanos y barquillos no es lo mismo”… Todo para mí eran “galletas” y me parecía increíble que realmente se hicieran con productos de verdad: con harina de verdad, azúcar de verdad (¡qué susto tantos kilos juntos!) y tanques… ¡llenos de chocolate! y poder comerte algo recién hecho: las tocas, las hueles, las miras como piezas exclusivas y hechas por personas de verdad y envasadas una a una.

En Navidad llegaron las Frutas de Aragón, bueno, mucho antes, hay que seleccionarlas muy bien, cortarlas de la forma adecuada, bañarlas y envolverlas: también las Guindas al Kirchs y luego llegaron los bombones…¡mmm! ¡de Trufa y de Avellana!, y pronto,… la Expo.Han salido nuevas galletas, nuevas cajas, nuevas formas de hacer las cosas, empezamos con la máquina de escribir y ahora hasta salimos por Internet; poníamos el film a los palets a mano y ahora es automático… Y yo…sigo aquí, con el mismo aroma de vainilla.


Ana Asensio Calderón.